El valor añadido de España en la conformación del papel de la Unión Europea como actor global es su relación privilegiada con América Latina. También es relevante en el diálogo multilateral, en la cooperación para el desarrollo y en el Mediterráneo. Pero, sobre todo, tiene la franquicia de la excelencia en las relaciones con América Latina, tanto en términos políticos y culturales, como en su presencia económica. Este valor añadido está dando réditos a la UE con la Presidencia española, que se ha calificado a sí misma como una Presidencia europea-latinoamericana, y que constituye una oportunidad histórica para volver a poner a Iberoamérica en el centro del mapa de las relaciones exteriores de la Unión.
En los últimos años, la Unión Europea, de la mano de sus sucesivas ampliaciones, ha ido reorientando la brújula hacia los países del Este de Europa en la llamada estrategia oriental, y del Sur del Mediterráneo, en el marco de la política de vecindad, en detrimento de Iberoamérica. La Presidencia española está dando un impulso decisivo a una serie de acuerdos de asociación que se vienen negociando desde hace años con las sub-regiones latinoamericanas. Ya se han firmado los acuerdos con Colombia y Perú -Comunidad Andina-, y va por muy buen camino el acuerdo con América Central y el relanzamiento de unas difíciles negociaciones con Mercosur, éstas especialmente complicadas por el elemento comercial. Sumados a los acuerdos de asociación avanzada con México y Chile, la Unión Europea completará así sus relaciones con el conjunto del subcontinente iberoamericano con tratados que no son sólo de libre cambio, sino acuerdos complejos que implican, además de la liberalización comercial, la cooperación para el desarrollo y el diálogo político con una cláusula específica de derechos humanos. ¿Con todo el subcontinente? No. Como en Astérix y los romanos, hay una excepción: Cuba, que es el único país de Iberoamérica con el que la UE no tiene ningún tipo de tratado a pesar de ser el primer inversor y uno de sus principales socios comerciales (40% de las exportaciones cubanas se dirigen a la UE).
La razón de esta ausencia clamorosa de diálogo es la vigencia de una posición común aprobada unilateralmente el siglo pasado (en 1996) por una Unión Europea de 15 Estados miembros (ahora somos 27), que condiciona la cooperación con Cuba a sus avances en materia de democratización. Una posición, promovida por el entonces Gobierno español del Partido Popular, que, además de ser inaceptable para Cuba debido a su carácter unilateral, se ha demostrado ostensible y dramáticamente ineficaz en su objetivo declarado de mejorar la situación de los derechos humanos en la Isla.
La competitividad de la UE en política exterior se fundamenta básicamente en tres ámbitos: las relaciones comerciales, la lucha contra la pobreza y la cooperación para el desarrollo, promoción y protección de la democracia y los derechos humanos. Pero sólo puede ejercer esta capacidad si cuenta con los instrumentos necesarios que, en política exterior, se traducen en capacidad de interlocución y en tratados. Y es precisamente eso lo que imposibilita la posición común: no hay diálogo porque éste se somete a condiciones inaceptables para una de las partes y, consecuentemente, no hay resultados.
Insistir, como hacen los conservadores europeos -con los españoles a la cabeza- en esta estrategia estéril, es condenar a la nada la normalización de las relaciones con Cuba en la que tenemos un interés histórico y presente, y un deber como país (alrededor de 150 empresas españolas, el 10% de las plazas hoteleras españolas en el exterior, están en Cuba y algo más de 42.000 españoles residen en la isla, de los cuales 4.500 son asturianos y asturianas).
El diálogo bilateral respetuoso y riguroso emprendido por el Gobierno socialista español con Cuba, y no la posición común de la UE promovida por la derecha, es lo que ha propiciado la liberación de veintidós presos cubanos desde el año 2003. La muerte de Orlando Zapata, que lamentamos profundamente, debería ser un acicate para emprender una nueva etapa, más constructiva y también más exigente, en las relaciones entre la Unión Europea y Cuba. Y no puede haber mejor ocasión que la Presidencia española de la Unión Europea.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada