Demagogia pura la intervención de Soraya Saenz de Santamaria en el Congreso sobre Melilla. El éxito de una política exterior no se mide por los incidentes que se produzcan, sino por cómo se solucionen.
Y la verdad es que las relaciones con Marruecos nunca han estado más encarriladas que ahora, como es patente en materia de inmigración, pesca, relaciones comerciales, lucha contra el terrorismo, imbricación de Marruecos en la política europea de vecindad.
En contraste, el balance del PP es haber conseguido los máximos niveles de tensión bilateral después de la Marcha Verde, de los que son ejemplos el conato de enfrentamiento bélico de Perejil, o el descompromiso de Marruecos en relación con la presión de la inmigración irregular subsahariana en las fronteras de Ceuta y Melilla.
No es cierto que el gobierno de España no haya estado presente en la solución de las protestas de los comerciantes marroquíes en Melilla como dicen SSS, Pons y Ansar; al contrario que hizo el PP con su política de confrontación, España ha ido tejiendo unas relaciones de confianza, fiabilidad e intereses compartidos que permiten que los incidentes que se pueden producir entre vecinos se solucionen sin histerismos y estrridencias, sin agitar fantasmas ni recurrir a reacciones irracionales que nada tienen que ver con la diplomacia, el diálogo y las relaciones internacionales civilizadas.
Nunca España había tenido la capacidad de interlocución que tiene ahora y no estaría de más que SSS se preguntara cómo se habría resuelto un secuestro de cooperantes españoles con un gobierno que despreciara ostensiblemente la Alianza de Civilizaciones, y que defendiera también ostensiblemente el fundamentalismo de las raíces cristianas como parte de nuestra política exterior.
Nunca como en tiempos de Aznar, España había tenido tan malas relaciones con buena parte de los países de América latina, con todos aquellos países con gobiernos no de derechas: de Venezuela a Argentina y Bolivia, casi todos los centroamericanos (el PP aún no ha condenado el golpe en Honduras!) y ello a pesar de los intereses económicos y empresariales españoles en AL. Y a pesar del debido respeto a la soberanía nacional.
Nunca habían sido tan relevantes las contribuciones de España al orden internacional, la solución de conflictos y las operaciones multilaterales de paz: ahí está la operación Atalanta contra la piratería, la participación en la misión internacional en Afganistán, las contribuciones a la lucha contra la pobreza, iniciativas constructivas como la Alianza de Civilizaciones, etc. Frente a ello, el balance del PP fue el d esprecio por el multilateralismo y el alineamiento con las posiciones unilaterales de unos Estados Unidos en su etapa de más gendarmes del mundo que nunca, la desafección de Europa, los niveles más bajos de AOD.
En definitiva, la irresponsabilidad del PP en el caso de las protestas de comerciantes marroquíes en Melilla, es preocupante; pero también es muy clarificadora de lo peligrosa que sería su política exterior en caso de que alguna vez llegaran a gobernar.
martes 24 de agosto de 2010
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